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Wednesday, October 07, 2020

Romantizar las resistencias Indígenas también es discriminación

Racism takes on many forms. Whether it be "the Zapatista rebellion in Chiapas, the emergence of the police communities and autonomous governments in Guerrero and Michoacán, or the emergence of Indigenous movements in several South American countries, among others," one should not assume knowledge about other Indigenous communities that have a different story to tell.

Much wisdom. So true. 

-Angela Valenzuela

Romantizar las resistencias Indígenas también es discriminación

September 30, 2020













Por Emiliano Gómez Izaguirre

Como integrantes de un pueblo originario en el Sur de México (el Pueblo Mixteco o Ñuu Savi), y en estos años que llevamos ya como educadores y comunicadores comunitarios de nuestra región, una de las dificultades más comunes y poco discutidas que nos ha tocado enfrentar a varias compañeras y compañeros ha sido la romantización de nuestros procesos de resistencia comunitarios, lo cual se ha dado por parte de activistas, comunicadores, académicos, organizaciones y compañeros de otras latitudes.

¿En qué consiste esta romantización de las resistencias de los Pueblos Indígenas? Contrario a la conocida romantización de la pobreza, un discurso que premia o reconoce a quienes afrontan su pobreza sin atacar sus causas estructurales, la romantización de los Pueblos Originarios y de sus luchas es un discurso fundado en un estereotipo, un cliché con el que se invisibiliza la enorme pluralidad de formas de resistencia, simplificando o inscribiendo el concepto de resistencia Indígena a un muy limitado conjunto de características.

Entre esas características se halla la idea o el prejuicio de que las comunidades Indígenas estamos siempre en una clara oposición al Estado y al capital por el sólo hecho de ser Indígenas, o que por nombrarnos (o ser nombrados) como un Pueblo Originario nos hallamos aislados o alejados de la hegemonía cultural de Occidente; al igual que de fenómenos como la globalización o el neoliberalismo. Incluso, con la pandemia causada por el COVID-19, se ha difundido el mito de que los Pueblos Indígenas estamos venciendo al coronavirus gracias a nuestras formas históricas de organización, invisibilizando el hecho de que también hay comunidades que están siendo devastadas por este virus o por sus efectos sociales y económicos.

Esta romantización de nuestras resistencias y nuestra vida en general no es casual, y parece provenir de una lectura superficial y determinista de algunos acontecimientos que han sacudido a México y al mundo entero en las últimas décadas: la rebelión zapatista en Chiapas, el surgimiento de policías comunitarias y gobiernos autónomos en Guerrero y Michoacán, o la emergencia de movimientos Indígenas en varios países de Sudamérica, entre otros. 

En resumen, se trata de un discurso que reduce la inmensa pluralidad de luchas y resistencias Indígenas a un conjunto particular de actores y sujetos que han figurado internacionalmente como opositores a políticas de despojo y de explotación capitalista en varias regiones y países. Dichas políticas existen también e indudablemente en la región del Pueblo Ñuu Savi, pero no con las mismas características o la misma intensidad que en un estado como Chiapas o Michoacán (en el caso de México), o en países como Bolivia y Ecuador.

En ese sentido, si bien es un hecho que la lógica del capital es la misma en todo el mundo, las estrategias de despojo y de acumulación capitalista varían dependiendo de la región en que nos encontremos, así como de la historia y cultura de cada pueblo y cada comunidad. Por ello, las estrategias de resistencia al despojo o a otros agravios de una comunidad zapatista en Chiapas o de una organización Indígena en un país como Bolivia o Ecuador, por ejemplo, no han sido ni serán necesariamente idénticas a las que despliega una comunidad Ñuu Savi. 

A pesar de que esas diferencias entre pueblos y experiencias parecen obvias, es curioso que no dejan de ser muchas las compañeras y compañeros que alentados por esta visión romántica de lo Indígena y lo comunitario, acuden entusiasmados a conocer y participar en procesos político-comunitarios, con el afán de encontrar o desarrollar un proceso organizativo con una súbita definición política frente al Estado, el capital o la occidentalización de la vida. Esta búsqueda ha terminado en más de una ocasión, en la frustración y/o el abandono de dichos procesos, por muy valiosa que sea la experiencia forjada en ellos, al no haber podido reproducir una experiencia idéntica o similar a la de los Municipios Autónomos Zapatistas en Chiapas o a la de organizaciones Indígenas como las que integran la CONAIE en Ecuador, por poner dos ejemplos conocidos en Latinoamérica. 

No es difícil suponer que casos similares a los vividos en el Pueblo Ñuu savi se repiten en otras partes del mundo, conduciendo probablemente al abandono de varios proyectos organizativos o de resistencia, los cuales, más allá del éxito o el fracaso que se puede calificar en ellos –y desde un punto de vista pedagógico- no dejan nunca de ser útiles para discutir, entender y emprender esfuerzos conjuntos para la defensa de la vida, la tierra y el territorio. 

En nuestra radio comunitaria, por ejemplo, esta idea romántica de la lucha y la resistencia Indígena ha acarreado varios desencuentros entre el trabajo que ha venido realizando hasta hoy la Radio Comunitaria Ñuu Dee; hay quienes buscan emprender o desarrollar un proceso político como si nuestras comunidades se encontraran bajo el asedio violento y encarnizado de agentes del Estado, de alguna empresa transnacional o de alguna organización delictiva. 

A diferencia de comunidades como Cherán en Michoacán, el municipio de Sacamch'en en Chiapas, o los pueblos del Yasuni y la Amazonía que se oponen a la explotación de su territorio en Sudamérica, nuestras comunidades Ñuu savi nos hablan de problemas, necesidades o urgencias que no demandan necesariamente la desaparición del Estado o de la autoridad local, incluso, en algunos casos lo que se exige es la comparecencia de ambos para dar respuesta a esos problemas y a esas necesidades, de tal forma que mucha de la resistencia comunitaria (en la que nuestra radio participa activamente) se traduce justamente en eso: no dejar que los gobiernos (federal, estatal o municipal) pasen por alto sus deudas y responsabilidades históricas con nosotras y nosotros, las siempre olvidadas y olvidados en la historia de este gran país llamado México.

Por todo lo anterior, resulta indispensable y necesario que antes de cualquier cosa se ponga oído a la voz propia de nuestras comunidades, y lo que decimos de nuestras formas o estrategias de resistencia, de lo que buscamos o perseguimos, sin prejuicios ni falsas expectativas, asumiendo un respeto pleno y cabal como hermanas y hermanos, como compañeras y compañeros. Debemos hacernos escuchar, más allá de que lo que se oiga o lo que se vea, aunque no encaje con una particular visión del mundo, o deje insatisfecho política e ideológicamente a más de uno; de lo contrario, además de seguir enfrentando el racismo y la violencia estructural de una elite o clase acomodada, seguiremos viéndonos discriminados ante visiones puristas y románticas de la resistencia Indígena y comunitaria.

--Emiliano Gómez Izaguirre, Se'e Ñuu savi (hijo del pueblo de la lluvia) del Municipio de la Heroica Ciudad de Huajuapan, Oaxaca, Mexico. Cursó la Licenciatura en Ciencias Políticas por la UNAM y la Maestría en Comunicación y Política por la Universidad Autónoma Metropolitana – Unidad Xochimilco. Fue integrante del Centro de Apoyo Comunitario Trabajando Unidos (CACTUS). Actual coordinador de Radio Comunitaria Ñuu Dee en Huajuapan, Oaxaca.

Fotos por Emiliano Gómez.


 

Monday, January 07, 2019

"Roma": Una historia de amor y servidumbre / "Roma": A history of love and servitude

I saw the Netflix movie, "Roma," over the holidays and was really moved.  It also resonated with what I have seen and experienced throughout my many years of travel to Mexico, including Mexico City.

For the classroom, it provides much food for thought as it has stirred up some really deep thoughts and strong emotions, in response. N.B. The movie on Netflix is in Spanish and has English subtitles.  Roma recently won the Golden Globe Award for best director and best foreign film.  It's clearly cinema at its very best.  Congratulations to director, Alfonso Cuarón, for this outstanding achievement.*

You can catch up on much of the present conversation by doing the following:

Check out Time.com Magazine's coverage that includes an excellent movie trailer titled, The Real History Behind the Movie Roma by Alejandro de la Garza. 

Check out this equally poignant and powerful movie critique by Joseph M. Pierce  titled, "Roma is a beautiful film of Indigenous erasure."

Finally, read this exquisite, beautifully-written piece by Historian Dr. Enrique Krauz. If you don't read Spanish, it's worth Google translating it.  I did so myself and found the translation to be decent.

Roma has a slow start, but do stick with it as it definitely touches a raw nerve on the structure of race/indigenous, class, gender hierarchy in Mexico with a focus on life in Colonia Roma located in Mexico City largely through the eyes of "Cleo," played by indigenous actress Yalitza Aparicio, a servant who works in the home of a wealthy family.  

At least five 20th century, former presidents of Mexico emanate from this colonia, or neighborhood, namely, Álvaro Obregón, Luis EcheverríaJosé López Portillo, and Miguel de la Madrid.  The standpoint portrayed herein thusly has enormous implications for Mexican politics, economy, and society as Krauz' piece suggests.

Five stars!  I highly recommend.

-Angela Valenzuela


*Alfonso Cuarón Orozco is a Mexican film director, screenwriter, producer, and editor. He is best known for his dramas Y Tu Mamá También and Roma, the fantasy film Harry Potter and the Prisoner of Azkaban, and the science fiction thrillers Children of Men and Gravity. WikipediaBornNovember 28, 1961 (age 57 years), Mexico City, MexicoNationalityMexicanPartnerSheherazade Goldsmith (2011–)SpouseAnnalisa Bugliani (m. 2001–2008), Mariana Elizondo (m. 1980–1993)AwardsGolden LionAcademy Award for Best DirectorMORE

‘Roma’: una historia de amor y servidumbre











Yalitza Aparicio, a la izquierda, interpreta a Cleo, la trabajadora 
del hogar de una familia de clase media en Ciudad de México. 
En la escena aparecen también Marco Graf (Pepe) y 
Marina de Tavira (Sofía). CreditCarlos Somonte/Netflix


En una de las escenas de la película de Cuarón, la familia se une en un abrazo durante un viaje a la playa 
CreditCarlos Somonte/Netflix vía Associated Press

CIUDAD DE MÉXICO — La historia de Roma, la película escrita y dirigida por el cineasta mexicano Alfonso Cuarón, es sencilla: la separación de los padres en una familia de clase media mexicana. Octavio Paz, el gran poeta y premio Nobel de literatura, estudió sus acentos específicamente mexicanos en su clásico libro El laberinto de la soledad: el abandono del padre cruel e irresponsable, el sufrimiento estoico de la esposa, el desamparo de los hijos, son hechos que van más allá de un desajuste social. Remiten al trauma de la Conquista de México y el nacimiento mismo de México como país mestizo, hijo ilegítimo de Hernán Cortés y la Malinche.


Las reverberaciones históricas y míticas de ese hecho han estado presentes a lo largo de los siglos, imprimiendo en la vida diaria una violencia abierta o latente, nunca resuelta.

En Roma, sin embargo, ese conflicto se atempera porque la familia no es nuclear: es un nosotros en el que participan mujeres venidas de muy lejos y de muy atrás, indígenas mexicanas que desde tiempos inmemoriales acompañan la vida de los otros, criollos de la ciudad, con una fidelidad que conmueve pero que también desgarra porque es un vestigio de la vida colonial en las haciendas mexicanas.


Aunque generaciones enteras vivieron una infancia como la que evoca Cuarón en Roma, solo él la ha llevado al cine. Es una obra íntima y personal, pero es mucho más. Es el relato realista de una clase social privilegiada que tiene una enorme deuda de desigualdad social, racial y de género con el México campesino e indígena. Es el retrato de una efervescencia política que dio inicio en la década de los sesenta y setenta y que aún no cesa. Y también, es un viaje proustiano, una vuelta al origen.



La colonia Roma, escenario de la película, es un espejo del desarrollo social y la cultural urbanos en el México del siglo XX. Se creó en 1903, al sur del viejo centro colonial de la capital, en terrenos desecados del legendario lago de Texcoco. Con sus palacetes art nouveau, sus plazas apacibles y camellones arbolados, era un emblema de la pax augusta que México creía vivir bajo el régimen de Porfirio Díaz.


Vecina de la Roma, al poniente, nacería poco después la colonia Hipódromo Condesa, famosa por haber albergado el hipódromo donde las familias de aquella exigua y ridícula aristocracia criolla de principios de siglo se imaginaban en el hipódromo parisino de Auteuil. No se veían indios con su típico calzón blanco en esas colonias. El calzón blanco estaba más bien en las haciendas, no en la ciudad.


La Revolución mexicana subvirtió ese orden y, tras una violentísima guerra civil, los nuevos gobiernos pusieron en el centro de la acción pública al México pobre. Al paso de las décadas, ese esfuerzo menguó y muchos campesinos e indígenas no tuvieron más remedio que migrar a Ciudad de México en busca de empleo, ellos en las fábricas, ellas en el servicio doméstico.


La vieja burguesía emigró también de la Roma, su colonia parisina, a zonas más apartadas de la ciudad, abriendo paso a políticos y empresarios, profesionistas y burócratas: los beneficiarios del nuevo orden. La Roma renació, la Hipódromo se expandió. Surgieron hermosos parques, casas y edificios de estilos eclécticos, iglesias neogóticas.

El cineasta mexicano Alfonso Cuarón le da indicaciones a la actriz Yalitza Aparicio. CreditCarlos Somonte/Netflix vía Associated Press


El cineasta mexicano Alfonso Cuarón le da indicaciones a la actriz Yalitza Aparicio. CreditCarlos Somonte/Netflix vía Associated Press

Alfonso Cuarón nació en 1961 en la Roma, yo en la Condesa. Mi historia comenzó catorce años antes, pero es tan típica como la suya. Es la historia de la clase media urbana mexicana. Nuestra casa tenía un diseño llano y funcionalista, con toquecillos art decó en sus herrerías geométricas. La sala, el comedor y la cocina en la planta baja y las recámaras de los padres y los niños (mi hermano, mi hermana y yo) en la parte alta. En el mezzanine, descanso de la escalera de granito, estaba la televisión (en blanco y negro), pero los sonidos de nuestro mundo eran otros. Adentro, los de la radio. Afuera, por las mañanas, las de los “ropavejeros”, los “afiladores”, los atávicos vendedores que recorrían las calles de México voceando sus servicios. Todo era como en el México que Cuarón retrata en Roma.
Nuestra familia, como la de Cuarón, tenía otros rostros, otras presencias tutelares. Del patio trasero subía la escalera al cuarto de las trabajadoras del hogar, “las muchachas”. Hay muchas formas de llamarlas, todas —por desgracia— reminiscentes de la hacienda y del calzón blanco: el servicio, la servidumbre, las criadas.
En mi casa trabajaban dos mujeres. Petra, la “nana” de mis hermanos, y Raquel, su sobrina. Venían del mismo pueblo. Se repartían el trabajo: cocinaban, “hacían las recámaras”, fregaban los pisos, iban al “mandado” (al mercado), lavaban, tendían y planchaban la ropa. Vigilaban nuestro reloj vital. Eran las relatoras de cuentos, las guardianas de la fe, las confidentes, las cantantes. No eran indígenas —como Adela y Cleo, la dulce y estoica mixteca de la película de Cuarón—, eran mestizas pero pronunciaban palabras en náhuatl, y hasta su escritura tenía la caligrafía del México colonial.

Un escena de "Roma" Credit Carlos Somonte/Netflix vía Associated Press


En 1970 y 1971, los años que Cuarón recrea en Roma, la colonia era un laboratorio de convivencia real, no idealizada, con sus colegios de excelencia y sus cabarets y prostíbulos. Recorrer de nuevo esas calles es habitar varios tiempos históricos, no solo por su arquitectura sino por su gente: Juanita, la del puesto de periódicos, la señora de la miscelánea o la farmacia, la de la fonda o el cine Gloria. No es casual que en esa colonia hayan vivido tantos escritores y artistas, mexicanos y extranjeros. En un extremo de la Roma, en el viejo pueblo de “la Romita”, Luis Buñuel filmó varias secuencias de Los olvidados.

Los personajes de Buñuel eran niños callejeros, abandonados por el padre fantasmal, cuya vida nómada dependía de una madre que finalmente  sucumbe a la desesperación y la tragedia. Los niños de Cuarón enfrentan un destino menos cruel. Caminan lejos de la violencia que periódicamente ensangrienta el paisaje mexicano. Pero en sus vidas hay un vacío similar, el del padre, y una luz parecida, la de la madre. En Los olvidados, la madre encarna esa palabra mágica de mil usos que, como escribió Octavio Paz en aquel libro, está en el centro del habla mexicana: la chingada. Es la víctima inerme del macho atrabiliario, la hollada, le hendida, la vencida, la vejada, la abandonada, la desamparada. En Roma, la chingada se desdobla: la señora de la casa y la trabajadora del hogar. Ambas sueñan pero sus sueños son distintos. Sofía, la madre de la familia, sueña en su alcoba con la armonía conyugal y familiar. Cleo, en la azotea de la casa, entre la ropa tendida y el paisaje limpio de la ciudad, sueña con el amor de su novio. Los sueños se trastocan en pesadilla. A ambas mujeres las chingan sus hombres, violentos y pretenciosos, cada uno a su manera.

Pero ellas no sucumben. En cierta forma, su hazaña de supervivencia las convierte de chingadas en chingonas, no porque vejen a nadie: porque unidas se salvan.

La escena emblemática de la película es el abrazo de los cuatro hijos y Sofía con Cleo, entre las olas encrespadas del golfo de México. Más que un abrazo es un árbol de brazos, un árbol sacramental. Es el árbol de la  familia mexicana. Los niños crecerán en el México políticamente convulso de los setenta que se insinúa en la película, con las protestas estudiantiles ante el sistema político del Partido Revolucionario Institucional (PRI), corrupto y anquilosado. Pero tendrán el amparo de las mujeres providentes.


En una de las escenas de la película de Cuarón, la familia se une en un abrazo 
durante un viaje a la playa Credit Carlos Somonte/Netflix vía Associated Press
¿Saldrá adelante Cleo? ¿Formará su propia familia? Una cosa está clara: nadie la chingará más. Liboria Rodríguez, Libo, la mujer real que crió a Cuarón y le inspiró Roma, seguro estará complacida del reciente laudo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación otorgando —con retraso de siglos— plenos derechos laborales a empleadas del servicio doméstico, como ella. 

Sofía saldrá adelante, y uno de sus hijos recreará libremente en el cine, medio siglo después, ese milagro que fue la presencia de aquella indígena que melló con puro amor los filos brutales del verbo más terrible de la vida mexicana: el verbo chingar.

Enrique Krauze es historiador, editor de la revista Letras Libres y autor de "El pueblo soy yo". Es también colaborador regular de The New York Times en Español.